Cartas oceánicas

Aquella quintaesencia de Pumas

Nadie en ambos lados de la rivalidad América y Universidad, conoce tan bien las múltiples versiones que tiene este partido como Guillermo Vázquez. El técnico de Pumas venció al América como jugador de fuerzas básicas, futbolista profesional y entrenador del primer equipo. Ha sido campeón en todas las categorías del Club con distintos niveles de responsabilidad. En México no hay muchos casos como el suyo: nacido, criado, expatriado y repatriado por el mismo equipo, Vázquez vivió los mejores momentos de su carrera con esa camiseta que interpreta como pocos. Pero ayer, al terminar el juego que puso a Pumas en otra Final, la segunda con Vázquez, aficionados en general cuestionaron la forma en que había eliminado al América. Hace más de 30 años cuando nacieron estos enfrentamientos, Pumas era un equipo que en Primera División encaraba al América con la osadía del fenómeno juvenil. Jugaba sin miedo por su raza, valor y arrojo, pero además, porque tenía muy pocas cosas que perder contra el poderoso. Así, fue como el América se encontró un equipo que lo superaba en todo, menos en dinero e influencia. Sin embargo, cuando estos dos equipos se enfrentaban en categorías donde había límite de edad, los partidos se jugaban entre iguales. Y ahí, en los campos empastados de Coapa o la célebre cancha cinco, la de tierra en CU, Pumas y América con 13, 14, 15 y 16 años, encarnaban una rivalidad todavía más apasionada que en Primera División. Esa historia, esa personalidad, de la que Guillermo Vázquez y su familia son parte fundamental, es la que se extraña en estos Pumas. La pregunta es si aún siendo finalistas, queda algo de aquella quintaesencia que hizo tan distinta a la cantera de Universidad sobre la de América. 

 

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