Cartas oceánicas

Cantera: formación vs producción

Formar profesionales en tiempos donde al joven le seducen valores económicos antes que deportivos, es un apostolado. La vieja cantera de Universidad fundada con vocación educativa, fue un éxito porque tenía cultura: había maestros, ideas, transmisión de conocimientos, valores, tradiciones y cientos de jóvenes dispuestos a desarrollar la vocación de deportista, antes, que aprender el oficio de futbolista. Por eso se decía que los equipos de Pumas hacían escuela. Los jugadores formados en CU adquirían un sello que representaba cabalmente el estilo de la institución dentro y fuera del campo, tenían personalidad, estilo, carácter y mucho respeto por su institución. Como en ningún otro Club, el espíritu de sus fuerzas básicas empezaba en lo más alto de la organización. Milutinovic, Velarde, Sanabria o Mejía Barón, pasaban las mismas horas en el campo del primer equipo, que en los terregales donde se formaban las inferiores. En aquellas épocas, el único equipo de Universidad que entrenaba en cancha empastada era el de primera división. El resto de categorías se batía en la tierra: una forma para que los juveniles mantuvieran los pies en ella y los profesionales recordaran su procedencia. Así que con la gorra puesta, los técnicos de Primera trabajaban por la mañana en el emblemático Estadio Olímpico, y por la tarde supervisaban el trabajo en la humilde cantera. Lo mismo hacían Aguilar Álvarez y Arnoldo Levinson, a quienes era común verlos dialogar con padres de familia, llamar la atención al joven que no se fajaba la camiseta y asistir a los partidos de cualquier equipo representativo. En Pumas se trabajaba de abajo para arriba porque su mantenimiento dependía de la formación de personas, no de la producción de futbolistas. 

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