Cartas oceánicas

El ciudadano Kane

Obligados a contratar un porcentaje de ingleses como método para proteger la especie, los clubes de la Premier batallan cada temporada en la búsqueda de jugadores que garanticen la identidad de sus instituciones. El jugador inglés, atrasado en su desarrollo a nivel europeo, todavía conserva el sello que ayuda a mantener su campeonato como uno de los más costumbristas del mundo: son los guardianes del honor y los principales transmisores de una serie de valores que la salvaje apertura del mercado ponen en riesgo. En ellos se deposita esa cuota de caballerosidad, deportividad y nobleza, que hacen de esta Liga un lugar distinto. Entre las últimas generaciones, se distingue como abanderado Harry Kane; de nombre común y apellido fácil de recordar, el atacante del Tottenham atesora todas las cualidades que enorgullecen al clásico supporter: es, antes que jugador de futbol, un ciudadano. Esas propiedades cívicas que convirtieron a Steven Gerrard en el último representante del pueblo uniformado de futbolista, empiezan a recaer en Kane, cuya responsabilidad, si decide aceptarla, será enorme: capitanear a Inglaterra. Con 24 años y una breve pero demoledora trayectoria como goleador de la Premier, huye del estereotipo creado en los pubs que interpreta al viejo futbolista inglés como rudo, chimuelo, bravucón y masca chicles; una definición que multiplica el grado de orgullo por la graduación alcohólica. Kane, es todo lo contrario: recupera al inglés práctico, el que elige la parte interna antes que los tres dedos o el tacón. Ese estilo puntual y contundente que utiliza para rematar en el campo, alejado del faranduleo y el exhibicionismo, es el mismo que demuestra para vivir. Kane, es el futbolista inglés más moderno de la antigüedad. 

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