Cartas oceánicas

Poderoso caballero...

La Premier League, buque insignia del imperio británico, se pone en marcha este fin de semana con el mismo espíritu colonizador de cada temporada, y que impulsó a la Corona siglos atrás. No hay mejor promotor del mercado inglés en épocas de Brexit, que su Liga de futbol profesional; sólida, rentable, emblemática, repleta de tradiciones, campos llenos, gallardos escudos y nobles apellidos. Una plataforma que llega a los cinco continentes, adhiere millones de personas y unifica el mensaje que Inglaterra lanza al mundo: al margen de la afinidad por uno u otro equipo, sus ciudadanos sienten honor por la organización que los representa, la Premier es en su conjunto, motivo de grandeza. Con un presupuesto anual que supera en 2 mil millones de euros a la Liga española, su principal competidor, los ingleses enfrentan dos retos impostergables dentro de la cancha: volver a dominar Europa y restituir el prestigio de su selección nacional. En ambos casos, no parece que el dinero sea la solución, pero sí la causa. La fortuna que la convierte en la competición deportiva más acaudalada del mundo detrás de la NFL y la NBA, no ha servido para que el inglés, sea considerado un futbol dominante sobre el terreno de juego. Contrario a ello ha perdido fuelle. La última muestra es la Supercopa de Europa jugada en Macedonia, donde el Real Madrid controló con relativa facilidad al poderoso United de Mourinho, principal abanderado de la Reina. Motivos para sintonizar la Premier sobran, pero razones para creer que el dinero es a la vez, su único motivo, carecen de validez. No son sus cuentas bancarias las que distinguen a este campeonato por encima del resto, es su educación basada en el caballeroso origen del juego, lo que la vuelve insuperable.

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