Cartas oceánicas

El patio trasero de Blatter

Una selección nacional, por más que la uniformen de bandera, es la licencia comercial más exitosa que se haya inventado para explotar el nombre y los símbolos de un país. En México la franquicia pertenece a la televisión. Con Blatter, el heredero de Havelange, se van cuarenta años de historia en donde el futbol creció hasta convertirse en un fenómeno más político que social, utilizando su monstruosa influencia sobre las selecciones nacionales, su gran producto. En particular las del tercer mundo: Brasil y Argentina a la cabeza. Sus buques insignia, son también los que más dinero repartieron y recibieron a través del triunvirato Teixeira en la Confederación Brasileña, Grondona en la Asociación Argentina y Leoz en Conmebol. Aquí nace el modelo de corrupción avalado por FIFA que después se extiende a Concacaf y a la Confederación Africana. Desde luego la Copa América y la Copa Oro que están por arrancar, igual que los últimos dos mundiales, apestan a corrupción. Por eso hay que definir muy bien lo que es el futbol de selecciones y futbol a nivel de clubes, sobre todo en Europa. Donde el poder de estos equipos centenarios que dan entidad a la UEFA, ha sido y será determinante. No hay que ir muy lejos, el próximo sábado en Berlín volveremos a comprobar lo que mueve la Champions League en términos comerciales, pero sobre todo, deportivos. En ese territorio, como en la Eurocopa, Blatter nunca pudo, ni lo dejaron. FIFA regulaba las reglas del juego, pero no del negocio. Clubes como el Barça, United, Juventus o Real Madrid que acumulan millones de fanáticos en el mundo, nunca necesitaron a FIFA para existir ni desarrollarse. El negocio de las selecciones nacionales, los patios traseros de Blatter, va a cambiar.

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