Cartas oceánicas

Patente de vida

Al interior de un negocio que se ha complicado demasiado, la historia de Messi es sencilla, eligió un club para nacer y morir: 30 títulos, 583 partidos y 507 goles en el mismo lugar. Hombre de una camiseta, especie en extinción, la última extensión de su contrato garantiza la patente de su vida: cuando se hable de Messi en un futuro, se hablará del Barça en la misma proporción. Su carrera, ajena a la fantasía que acorrala a los grandes deportistas, es un homenaje a la rutina. Un balón, una cancha, un compañero, un equipo, un estadio, y el mismo camino a casa. Messi no ha necesitado muchas cosas para ser feliz y promover la felicidad entre tanta gente. Alrededor suyo, el mundo construyó la imagen de una súper estrella con la que el jugador nunca se ha sentido cómodo. Dueño del futbol de nuestra época, en ningún momento estuvo por encima del deporte, su éxito consistió en jugarlo. Una cualidad que amanece en la vida de los futbolistas, se va apagando cuando se vuelve obligatoria, y se extraña tanto al ocaso. Sentado en la orillita de una mesa de restaurante, el padre preguntó al hijo: Leo, ¿vos qué quieres hacer?  Yo me quiero quedar, contestó el niño... “En Barcelona, a 14 de Diciembre del 2000 y en presencia de los Sres. Minguella y Horacio; Carles Rexach, Secretario Técnico del F.C.B., se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra, a fichar al jugador Lionel Messi, siempre y cuando, nos mantengamos en las cantidades acordadas”. Firman los presentes en una servilleta donde escriben aquellas palabras que les vinculan hasta la fecha. Diecisiete años después, Messi sigue firmando el mismo documento. Un pedazo de papel que lo compromete a jugar con el Barça, el mejor lugar para terminar sus días.

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