Cartas oceánicas

¿Quién paga el funeral?

Semana a semana durante los últimos tres años, paladines del futbol colorista vivieron adornando sus comentarios en los medios a costa del Rayo Vallecano. El Rayito, último equipo de barrio en el futbol europeo, sufría todos los meses para pagar la nómina, miraba de reojo los créditos bancarios y financiaba su deuda con una hipoteca de categoría: mantenerse en primera división la temporada entrante, era lo único que abría o cerraba los fondos de inversión. Todo ese calvario administrativo, servía para que los analistas emperifollaran sus opiniones elaborando tesis sobre la presión, complicados discursos sobre la transición o estudios metafísicos acerca de la rotación. El círculo rojo del futbol levantó un obelisco en honor a Paco Jémez, el técnico que estaba democratizado un estilo caro, exquisito y refinado, acercándolo a las clases populares con un sistema engañoso. El juego del Rayo que tanto asombraba en los tribunales, llegó a superar con balón al Barça, hasta convertirse en uno de los equipos con mayor posesión del mundo; pero cuando visitaba el Camp Nou, se llevaba siete goles. Es un honor, decían, ver perder al Rayo por siete goles pero defendiendo a muerte su estilo. Y así pasaron los años: mientras más goles se llevaba el Rayo más cursi se volvía la defensa de su estilo. Ninguno de los románticos analistas de futbol, se ponían en la piel de algunos sensatos aficionados del Rayo, que miraban todos los domingos a un equipo jugar entre la gracia y la desgracia. Un día el Rayo perdió el equilibrio y descendió. Ahora nadie quiere prestar dinero para pagar su funeral. La única duda es saber si traicionando su estilo se habría salvado en los últimos partidos, o sin él hubiera muerto años atrás. 

josefgq@gmail.com