Cartas oceánicas

Para olímpicos y paralímpicos

Al cierre de la edición, México mantenía su sitio como potencia histórica en los Juegos. El éxito de los atletas paralímpicos ofrece muchas lecturas. La peor, mal atornillada por una parte de la opinión pública en las redes sociales, establece que ellos sí, son deportistas mexicanos de primera categoría; cuestión de orgullo nacional. La comparación entre olímpicos y paralímpicos es oportunista. Cada cuatro años nuestros representantes son sujetos de un debate desigual entre ambas especialidades deportivas. El triunfo o fracaso de cualquier atleta mexicano en competiciones internacionales, no debería ser juzgado por razones físicas, porque ello nos lleva de inmediato a una causa discriminatoria: dividir críticas y aplausos para olímpicos y paralímpicos, no tiene sentido deportivo. Porque las mujeres y hombres que nos representan en Río, son, ante todo, mexicanos. De eso se trata la igualdad: aplaudir por igual los triunfos deportivos, pero sobre todo, aceptarnos como iguales ante los desafíos personales o nacionales en la búsqueda de un objetivo. No existe un México olímpico y un México paralímpico, existe un solo México, y ninguno más. Nuestra cultura deportiva debe madurar, aprender a disfrutar el éxito de cada atleta y entender, que somos una nación de enorme talento, una raza extraordinaria para superar obstáculos, con un amor incomparable por los símbolos que nos distinguen. Nuestro orgullo no depende de la especialidad del atleta que defiende mis colores, el orgullo, significa reconocernos y apoyarnos como mexicanos. Tenemos que dar un paso al frente en deportividad, empezando por esta columna, que debe dedicar más espacio a escribir de todos nuestros atletas, sin diferenciar los Juegos donde compiten y me representan. 

josefgq@gmail.com