Cartas oceánicas

La noche que no existió

Las sanciones retroactivas como parte de la lucha contra el dopaje son una herramienta justa y necesaria, pero no evitan el problema central. Sobre cualquier competencia, competidor y resultado, permanece la duda: ¿corrió dopado o está limpio? La tecnología lo revelará más adelante. Esa duda cada vez más razonable, causa una enorme desconfianza en el deporte, ahí está el gran daño del doping: finge aplausos. La retroactividad es positiva, contra la trampa firmeza y cuantos más análisis mejor. Esta semana las investigaciones corrieron hombro con hombro con Usain Bolt. Como nunca en su carrera el mejor atleta de todos los tiempos sufrió las consecuencias del dopaje. El Comité Olímpico que le ha retirado su novena medalla de oro ganada en una jornada histórica en Río, borra con mano dura la marca de Bolt, la magia de aquella noche y la emoción que millones de personas sintieron al verlo dominar el relevo 4x100. Maldito doping, la última vez que vimos a Bolt en una pista olímpica ya no existe. El recuerdo es una notificación, el triunfo es de papel: Nesta Carter, compañero de relevo, le traicionó. Contrario a lo que pueda pensarse, la novena medalla de oro que durante algunos meses perteneció a Usain Bolt y de la que ahora es despojado, es la más valiosa de su carrera. Confirma que cualquier malintencionada sospecha que un sector de la prensa especializada y el atletismo tenían sobre Bolt, se desvaneció por completo. Los inalcanzables tiempos que Usain Bolt fijó en 100 y 200 metros son, más que nunca, patrimonio del deporte y la humanidad. Carter le ha hecho un favor liberándolo de prejuicios. Buena noticia para nuestra especie, el único que ha podido superar la inhumana barrera de los 9,60 es un hombre limpio, tiene honor. 

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