Cartas oceánicas

PSG: la inyección y la vacuna

En un par de semanas el PSG convirtió a un par de futbolistas en los traspasos deportivos más elevados de la historia: compró a Neymar por 222 millones al Barça y negocia con el Mónaco 180 millones por Mbappé. El dinero que los qatarís pusieron sobre la mesa, 402 millones de euros en total, no debería proceder de una inyección externa de capital; es decir: los jeques no pueden sacar su chequera particular y firmar. Si así fuese, la operación sería una ruptura de mercado y por lo tanto, de las reglas financieras del juego. El PSG, como todos los clubes europeos, están sujetos a una norma que en términos prácticos establece: el gasto solo podrá superar al ingreso por un margen de 5 millones en un periodo de tres temporadas. Por lo tanto, deberá demostrar que entre todas sus operaciones durante ese periodo, ha ganado 407 millones: un promedio de 135 millones al año. Si esta cifra es cierta, el PSG sería tan rentable como Real Madrid, Barça, Juve, Bayern y United. Aunque poco probable, nada malo habría en ello. El problema, y aquí es donde existe una delgada línea que los qatarís han cruzado, es que los contratos de patrocinio y televisión del PSG, que representan más del 60% de sus ingresos, provienen de empresas vinculadas al equipo: Qatar Airways y Al Jazeera TV, a través de su filial Bein Sports. Llanamente: los dueños del equipo son accionistas del patrocinador y la televisora. Queda claro que con estas inversiones el PSG incrementará sus flujos comerciales en el mediano y largo plazo, pero al momento de efectuar la operación, es dudoso que pueda cumplir con la norma establecida. Si la UEFA no tiene nada que decir, Barça y Mónaco vacunarán a otros equipos comprando jugadores con el capital que el PSG inyectó al mercado. 

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