Cartas oceánicas

Tocar como solista

Los cálculos fallaron en el entorno de Neymar: millenial, brasileño, divertido, energético, conectado y atrevido con las grandes marcas, pensaron que a estas alturas de su carrera el atacante estaría colocado por encima de Messi y Cristiano en el mercado de valores. No ha sido así, Neymar sigue uno o dos escalones por debajo de las grandes locomotoras del futbol mundial a pesar de sus incuestionables números con el Barça: 105 goles en 186 partidos, una Champions, dos Ligas, tres Copas del Rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa Europea, dos Supercopas de España, 78 millones de seguidores en Instagram, 59 millones en Facebook y 30 millones en Twitter. Con veinticinco años, no hay muchos jugadores que hayan ganado y rendido tanto en un equipo. Pero decíamos, los cálculos fallaron y con ellos, el aparato comercial que rodea a Neymar planeado para que llegase a esta edad como el número uno del mundo. El problema es que Messi sigue ahí; firme, entero, con un contrato renovado y suficiente liderazgo para encabezar un nuevo proyecto con el Barça, como mínimo, dos años más. Hasta esos días, la paciencia de Neymar parece que no alcanzará. Ensombrecido por el mejor jugador en la historia del Barça y uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, es entendible que el adolescente que estaba llamado a ser el crack que rompería el mercado, desespere y busque un lugar donde explotar su atractivo comercial, su madurez deportiva y poder tocar como solista. El PSG le ha ofrecido un luminoso altar en París, la combinación es seductora: moda, reflectores, samba, futbol, petrodólares y una ciudad capaz de potenciar cualquier producto que aparezca en sus marquesinas. París necesita un príncipe y ese solo puede ser Neymar.  

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