Cartas oceánicas

Levántate y anda

La marchista, la halterista, la clavadista o la velocista, simbolizan un triunfo para millones de mexicanas a quienes no se les conceden altavoces en sus victorias cotidianas: andar durante kilómetros para llegar al trabajo, cargar familias sobre las espaladas, lanzarse al vacío como única opción de salida o escapar de la violencia y la injusticia… México ha encontrado en sus deportistas, la representación exacta de una lucha que las mujeres enfrentan todos los días. Volvió a ser Guadalupe González, Lupita, la joven que despertó al país con el mismo mensaje un domingo por la mañana: levántate y anda. Plata en los 20 km del Mundial de Atletismo en Londres, la prueba fue otro documento de perseverancia. La Teniente de Corbeta de la Armada Mexicana, cruzó la meta como la brisa una bandera. Su suave nombre y conmovedora trayectoria, enriquecen el patrimonio deportivo mexicano al que suele accederse con dureza. Porque Lupita camina sola, como lo hicieran Soraya, Ana, Paola o María; figuras que rompen la porcelana. Y entre la soledad y la desigualdad, el deporte logra traducir la complicada vida diaria en una noticia destacada; ese es su milagro. Por cada una de estas historias que hacen del sacrificio una fragua de oro, plata o bronce, hay una deuda pendiente que nuestras atletas se han encargado de hacer más evidente. Ellas, a la cabeza de esta marcha progresiva, son fundamentales para que México nunca olvide que la mujer es el eje que lo sostiene. Dentro de unos días, el último triunfo de Lupita, panamericana, olímpica y mundialista; quedará traspapelado entre propaganda, de la misma forma que un sinfín de casos y causas sociales se mantienen encriptados dentro de un archivo etiquetado con las palabras: mujeres mexicanas.  

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