Cartas oceánicas

Las mujeres de Blatter

El tiempo y no el FBI, juzgará con mayor severidad a Joseph Blatter, un villano histórico. Poco se salva de su paso por FIFA. Las verdades que faltan por salir no animan a buscar algo bueno, que debe haberlo, durante los 17 años que mantuvo al futbol secuestrado en su despacho. No quedan ánimos y tampoco pruebas positivas. Sin embargo, hay algo que debe reconocérsele. Haya sido por convicción, presión de organismos internacionales, estrategia comercial o el impulso de potencias como Estados Unidos, Alemania y China, bajo su gestión el futbol femenino logró consolidarse por lo menos en términos organizativos, a nivel de selecciones nacionales. Le falta un verdadero apoyo financiero. FIFA destina 486 millones de dólares a todos los eventos que organiza en un periodo de cuatro años, que no sean el gran mundial varonil. Es decir que el Mundial Femenil, entra en la bolsa de los juveniles, infantiles y el de clubes. El presupuesto para las mujeres no llega ni al 5% de los ingresos totales de FIFA. Pero las bases de su desarrollo están sentadas y eso es mérito de Blatter. Después el propio Blatter empañó su único legado intentando volverlo un producto menos costoso y más atractivo mediante propuestas vulgares: obligarlas a jugar el Mundial de Canadá sobre superficie artificial y entallar los uniformes; ninguna prosperó. Las futbolistas fueron las primeras en plantarle cara a Blatter. Ahora queda ver al futbol femenil mandando en FIFA. Por ahora tres mujeres pertenecen a su comité ejecutivo: Lydia Nsekera de Burundi y primera en la historia del comité, Moya Dodd, australiana, de la Confederación Asiática y Sonia Bien-Aime, de las Islas Caicos y Turcas. Ninguna por cierto, del bloque opositor a Blatter.

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