Cartas oceánicas

La mujer más poderosa del futbol

Cinco años tenía Bárbara cuando Baresi, Ancelotti, Costacurta, Donadoni y Maldini se convertían en la guardia pretoriana de su padre. La base del Milán a finales de los ochenta más Gullit, Rijkaard y Van Basten fue el proyecto que lanzó a la fama a Silvio Berlusconi, un cantante de crucero italiano que empezó su carera así, cantando en los bares y cubiertas de los barcos que recorrían el Mediterráneo. La fortuna de Berlusconi al igual que todas las fortunas italianas de la época, empezó a levantarse en base a amistades. Un amigo en la política, otro en la iniciativa privada, algún otro en la mafia y cerraba el círculo quien prestaba el nombre. De pianista de camarote Berlusconi salto a empresario inmobiliario, especulador bancario, dueño de periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión, senador, fundador de un partido político (Forza Italia) y Primer Ministro. El Milán como todo equipo de futbol, funcionaba como herramienta de promoción y ayudaba a maquillar la oscura figura de Berlusconi. Era tan buen equipo y su organización tan perfecta, que nadie en el mundo imaginaba que detrás de la presidencia de aquel Club soñado se escondía una de las grandes historias de corrupción desde la caída de Roma. Berlusconi hizo del Milán la institución deportiva más avanzada de la época, creo el Milán LAB y se volvió el punto de referencia en Europa y el Mundo. Desde entonces el Milán AC se ha ido deteriorando, como Berlusconi, una bestia vieja y acabada. Su última derrota, vs Sassuolo, donde recibió 4 goles de un solo jugador (Domenico Berardi), terminó de hundirlo, la herencia que Berlusconi deja al mundo del deporte será gestionada por Bárbara, su hija, a partir de hoy la mujer más poderosa del futbol mundial.   

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