Cartas oceánicas

La mudanza del Liverpool

Ningún equipo en el mundo significa tantas cosas como el Liverpool: su nombre es un punto en el tiempo, su ciudad un destino, su barrio una familia, su estadio un cuento de hadas, su himno una canción, sus derrotas un honor, sus triunfos una cultura, sus muertos una civilización enterrada, sus vivos una reivindicación, su fanaticada un jugador, cada jugador un fanático y sus ídolos gente normal. Todas las causas de adhesión a lo largo de su historia explican cualquier sentimiento que pueda representar el futbol. Al Liverpool se le sigue por nacimiento, código postal, herencia, independencia o revolución; su afición posee los principios de un pueblo. Pero se le admira por Bill Shankly y se le respeta por Bob Paisley; se le quiere por Kenny Dalglish, Kevin Keegan, Ian Rush y Steven Gerrard; se le abraza por Heysel y Hillsborough; se camina junto a él en cada campo; se señala el sitio exacto de Anfield; se le conmemora por mil y una noches como la de Estambul y se le toma como ejemplo cuando canta The Kop. Puede entenderse que el futbol le debe todo a clubes como Liverpool, y clubes como éste, no tienen ninguna cuenta pendiente con el futbol. La final de la Europa League, escenario secundario del gran circo de UEFA, cobra un valor extraordinario. Uno de los equipos más queridos por el mundo, se juega un título en plena transición. El Liverpool está mudando de época, abandona tiempos desafortunados con la maleta llena de costumbres, leyendas y tradiciones. Su historia garantiza un futuro alentador. No será un partido breve, lo que recordemos de esta noche es posible que nos dure años. No hay muchos partidos capaces de superar una final de Champions, el de Liverpool vs Sevilla en St. Jakob, será uno de ellos. 

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