Cartas oceánicas

La mochila de Pizzi

Diego Alonso y Juan Antonio Pizzi rompen el círculo vicioso del futbol mexicano. Pachuca y León huyen del convencionalismo. Traen dos técnicos que no han dirigido clubes mexicanos, pero jugaron en México. Parten con ventaja sobre aquel inexplicable juicio: “No conocen nuestro futbol”. La frase pertenece a la vieja guardia que considera al “nuestro”, un futbol tan complicado, que necesita entrenadores nacidos allí para entenderlo. Pizzi desde luego no fue un futbolista sedentario. Como jugador acumula 9 equipos en su carrera. Empezó en Rosario Central donde lo dirigió Angel Tulio Zoff. Siguió en Toluca con Raúl Cárdenas. Dos veces en Tenerife, primero con el Indio Solari, luego con Cappa y Valdano y en su segunda etapa, fue dirigido por Jupp Heynckes. En Valencia con Héctor Núñez. En el Barça con Bobby Robson que tenía a Mourinho de traductor. Jugó para la selección española dirigida por Javier Clemente. En River Plate estuvo con Ramón Díaz, en el Porto con Fernando Santos y en Villarreal con Víctor Muñoz. Algo debe traer en la mochila un hombre que tuvo tantas y tan diferentes visiones para explicar y entender el juego. León no contrata a Pizzi, aprovecha lo que Pizzi aprendió de toda esa gente. Es un libro abierto. Esta es la diferencia. Los clubes en México buscan especialistas en la Liga MX, son caseros, arriesgan poco. Pachuca y León, Santos es el otro, son equipos que eligen bajo métodos muy distintos a sus entrenadores. En los tres casos primero está la institución, después el recurso humano, su organización y por último, el equipo de futbol. En la mayoría de los clubes mexicanos es al revés. Contratan al entrenador en función del equipo, no se busca una persona que ayuda a desarrollar todo lo demás.  

 

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