Cartas oceánicas

El mito de la edad

Rafael Nadal y Roger Federer mantienen una lucha que no debe escapar a ningún aficionado al deporte. Como dos viejos capitanes dispuestos a morir en la batalla, navegan contra la corriente y continúan, desde la posición número 2 y 5 del ranking mundial, llevando el tenis hacia otra dimensión. No hace mucho tiempo los tenistas que cruzaban la barrera de los veintitantos, abandonaban sus posiciones de privilegio de la ATP y la WTA para encabezar las listas de pensionados. Competir a ese nivel en un circuito donde primaba la cultura física, se había vuelto imposible para los veteranos que con más juego, sabiduría y experiencia, eran desplazados por jóvenes maravilla que con tres raquetazos fusilaban al tenista legendario. El tenis corría el riesgo de convertirse en un deporte que jubilaba a sus figuras con menos de treinta años. Al cumplir los veintisiete o veintiocho, edad en la que cualquier deportista se encontraba en lo más alto de su carrera, el tenista entraba en decadencia. Sin paciencia para disfrutar el placer de un punto largo, los ritmos del juego y la calidad de los partidos bien pensados; todo empezaba a resumirse a los kilómetros por hora que registraba el saque del jugador. Estas mediciones, bien registradas en todas las pistas alrededor del mundo, hicieron que etiquetáramos al tenis como un espectáculo de fuerza, aceleración y movimiento. Bajo estas leyes, Federer y Nadal debieron retirarse hace algún tiempo. Contrarios a ellas, y en cumplimiento de su deber, continúan desafiando a la gravedad como atletas mitológicos. En 1985 Boris Becker ganó Wimbledon con 17 años, tres décadas después, Federer o Nadal pueden convertirse en dos de los campeones más longevos en la historia del más tradicional de los torneos. 

josefgq@gmail.com