Cartas oceánicas

Las mil y una noches del Barça

La vida en el Barça transcurre con Messi de la mano, el único jugador que en nuestra época puede proponerle a los tiempos de nuestros padres y abuelos. Messi no reclama un sitio en la historia junto a Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona, lo ocupa. Y si el Barça avanza con Messi, el futbol pasa por el Barça. El único equipo también, que podemos proponer a los tiempos del Scratch, la Naranja Mecánica y el Milán de Sacchi. Ayer, el Barça de los alquimistas, futbolistas que encierran su esencia en envases pequeños, volvió con sus viejas fórmulas para embrujar a un rival que parecía invencible. Derrotado en casa, el Madrid encara la etapa decisiva de todas sus campañas: Liga, Champions y Copa, sabiendo que el Barça no solo vive, sino que fue capaz de abofetearlo dentro del Bernabéu. Un golpe anímico fortísimo. El arbitraje, discutido ayer en las dos áreas y ese inútil fanatismo cibernético que enreda socialmente al clásico y sus protagonistas, impiden a muchos admirar el legado de este equipo al juego. Descompuesto en el último año, el futbol del Barça evitó a pesar de su defensa desvencijada, las ocho columnas que desde hace tiempo esperan en las rotativas. La prensa mundial está preparada para imprimir la noticia de su extinción y sin embargo, sigue existiendo. Gracias a Messi, pero también a Iniesta. Capacitado para liderar junto al argentino la transición que se le ha encargado a Martino y quizá a Neymar. Todavía un extraño en este cuadro y todavía, también, un simple aprendiz de Messi e Iniesta. El Barça vive y lo hace porque es un bien hereditario, patrimonial, orgullo de nuestra época. Inventó una forma de jugar y mientras sus alquimistas conserven la fórmula, vivirá mil y una noches más.

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