Cartas oceánicas

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Al minuto 51 de partido Messi marca el 2-0 del Barça en el Camp Nou: la pelota le ha llegado de rebote, y en el área chica, sin marca alguna, la toca entre el portero y un defensor. Es un gol sencillo para un futbolista que ha vacunado con lujo de detalle a los mejores equipos del mundo. El partido va terminar 5-0 a su favor. Aquel gol a Las Palmas sin ninguna belleza y que parece no tener mucho valor, va a convertirse en estadística: Messi había conseguido anotarle a 35 equipos diferentes en la Liga Española empatando una legendaria marca de Raúl. Momentos después, el hombre que mejor encarna los valores del madridismo original, publica en la redes sociales un mensaje que le engrandece: “Un placer disfrutar de sus goles (por Messi) cada día…”. En apenas unos minutos la cuenta Twitter de Raúl se convierte en otro de esos campos de batalla a los que el futbol se ha tenido que acostumbrar. El viejo capitán que entregó la vida por su Club, fue linchado sin pudor por un sector del nuevo madridismo identificado con la falta de caballerosidad, deportivismo y honor. La mayor parte de los atacantes son usuarios del Real Madrid, muy diferente a ser aficionados. El hecho no es exclusivo del Madrid, sucede en todos lados y con casi todos los equipos. Algo raro está pasando cuando en una época donde los clubes se comunican de forma instantánea con sus seguidores, no se trasmitan con la misma eficacia los principios tan nobles que dieron valor a equipos como Real Madrid. Como pocos jugadores en su historia, Raúl logró llevar ese uniforme sin ninguna mancha que no fuera la del sudor, la sangre o el lodo de la batalla: un madridista impecable. No piensan lo mismo los usuarios de su equipo que por felicitar a Messi, le consideran traidor. 

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