Cartas oceánicas

Menotti: hombre de palabra

No es momento para hablar de lo que fue César Luis Menotti, sino de lo que es. Llegarán tiempos de homenaje, hoy no, aún no. Casi un logotipo, la sombra del Flaco, figura inconfundible de afilada osamenta, manos dialogantes y cuero rebelde, vuelve a México con la piel más arrugada pero las ideas tan frescas como siempre. Porque a este hombre el futbol le debe la voz, antes de él era un espectáculo mudo. Menotti le dio palabra y conjugación. Así es como este deporte aprendió a expresarse, inventó un lenguaje. Fue el primero que se atrevió a hablar de belleza en el juego, un profeta. Ayudó a traducir en todos los idiomas los dos grandes libros de la historia: el Catenaccio de Helenio Herrera y el Futbol total de Michels. A partir de sus conclusiones, el mundo entiende que de estas corrientes derivan casi todos los equipos. Entonces se fundan escuelas, los entrenadores empiezan a afiliarse y las opiniones se dividen. El debate que arrancó Menotti perdura. Se da cada domingo: jugar bonito y perder contra jugar feo y ganar. Fue hasta hace poco que el Barcelona de Guardiola llevó ese pensamiento a otro nivel: ganar, gustar y golear. La gran tesis del Flaco encontró la mejor respuesta posible en aquel equipo, siempre identificado con el futbol como medio de expresión, no como herramienta. La estadística sin embargo, es violenta con su independiente carrera. La calculadora dice que sus ideales solo le sirvieron para ganar 1 título (1978). Más cruel todavía es la política: dice que fue por decreto. Pero el triunfo de Menotti es acumulable, vive en los entrenadores que utilizan sus conceptos como libro de cabecera. Después, todo discurso es perfectible, incluso el del Rey. Faltan hombres de palabra, un día alguien lo va a extrañar.

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