Cartas oceánicas

Ochoa, fuera del área

Un sector del medio ha lanzado una nueva cruzada en contra de Guillermo Ochoa al considerar que el portero titular de la selección nacional, vuelve a equivocarse en la elección de un equipo para jugar. Parece que la carrera de Ochoa le pertenece a México, y no a Ochoa, que jugando para Ajaccio, Málaga, Granada y Standard de Lieja, no aporta ningún valor al patriótico marco del que nos colgamos todos. Hay quien considera que el futbolista está para servir a su país antes que a su familia y sus intereses particulares. A estos jugadores, con diferentes niveles de profesionalismo y capacidades técnicas, se les etiqueta como servidores públicos: una confusión nacional. Ochoa tiene el privilegio, como muchos profesionistas en diferentes ámbitos, de elegir el lugar donde trabajar. Este es un lujo que no cualquiera puede darse, pero causa malestar en algunos que consideran que su talento y cualidades están desperdiciándose en perjuicio de un bien común: defender la portería mexicana. El tiempo que un jugador pasa en esta vida siendo futbolista, es muy corto comparado con el tiempo que pasó y pasará siendo un civil como cualquiera. Aprovechar esas ventajas durante esos años, entre doce y quince cuando mucho, no deberían ser objeto de discusión pública. A Ochoa se le acusa de no querer volver a México para jugar en equipos punteros, a cambio de quedarse en Europa jugando para equipos coleros. Esta decisión, personal primero, y profesional después, es tomada como una traición por un grupo de especialistas convencidos de que a Ochoa, le falta ambición, coraje y valentía, para jugar en un lugar mejor. En la rica historia de la meta mexicana, han existido mejores guardametas que Ochoa, pero ninguno tuvo el arrojo para salir del área. 

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