Cartas oceánicas

La malquerida

Tarda en calentar, es un torneo lento, con dos marchas menos que el Mundial y tres o cuatro por detrás de una Eurocopa, pero termina encendiendo. La última, esa sí, fue insoportable. Muy difícil de mirar. Uruguay terminó campeón honrando un torneo donde Paraguay, el subcampeón, llegó a la Final sin ganar ningún partido. En Copa América pasan esas cosas, es canchera. Tiene la sabiduría que dan al juego los estadios viejos, sin cristal ni acero. A esto huele su historia: linimento, cuero, ladrillo, tabaco, mate, madera, palma y tierra mojada. Hasta ahora la rancia Copa pudo sobrevivir en los despachos de Conmebol de una forma más o menos honrada, ese prostíbulo que tantos hijos dio al futbol. Chile 2015 debe ser la mejor edición de principios de siglo, tendrá un lugar en el tiempo en gran parte, gracias a Messi. La oportunidad para verlo otra vez en su mejor momento es extraordinaria. No siempre pasa. A la del 2011, eliminado en penales por Uruguay en el Cementerio de los Elefantes de Santa Fe, también llegó campeón de Europa. Días antes había vencido en Wembley al United, pero con su selección, algo extraña. Líder, maduro y con otra perspectiva del juego y de la vida, la cosa cambia. Argentina es más favorita cuando no está en casa. Junto a Brasil, Colombia y por debajo Chile y Uruguay, que sigue pagando el fariseísmo de FIFA con Luis Suárez, llevan la mejor versión de su selección y en todas ellas, hay heridas muy abiertas. A un año de distancia, el Mundial todavía tiene espíritu de revancha. Para Brasil donde Neymar manda y para Messi, la Copa es de vital importancia. Para Colombia es una confirmación, para Chile una imposición, para Uruguay una defensa y para México, la malquerida. No merece jugarla. 

 

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