Cartas oceánicas

"Sister Act"

Fe, esperanza y pasión, tres principios abstractos que deben formar parte todos los días de cualquier equipo, se materializaron en la quinteta de la Universidad de Loyola-Chicago, que el fin de semana fue eliminada por Michigan en las semifinales del Final Four. Loyola, una institución de enorme prestigio académico, pero sin gran bagaje deportivo, no habría podido llegar tan lejos sin la firme creencia en la existencia de fuerzas superiores capaces de mover un grupo de muchachos con un objetivo increíble, pero común. Aunque existen, no es sencillo observar estos poderes invisibles en el deporte de nuestros días, tan agitado por la ansiedad de triunfos que promueve el profesionalismo en todos los niveles. Pero ahí estaba, el milagroso espíritu deportivo, uniformado en esta ocasión por los pequeños y desconocidos basquetbolistas de Loyola, encomendados a una monja de 98 años como el recurso más sorprendente del deporte norteamericano. En medio de gigantescas coberturas informativas, la hermana Jean Dolores Smith encontró un nicho para su equipo, que fue avanzando rondas de la NCAA con el Rosario en la mano. Dolores, que iba contando misterios cada partido mientras ganaba seguidores, es Capellán de los Ramblers desde 1994. Escuchada por los entrenadores en la duela, seguida por los jugadores, respetada por los rivales e inspirada por los estudiantes, una centenaria Hermana de la Caridad de la Beata Virgen María, en silla de ruedas, se convirtió en la gran figura deportiva de los Estados Unidos en los últimos días. Dolores representó esa fragilidad del deportista amateur, lleno de fe, esperanza y pasión; que lo hacen tan inocente, pero al mismo tiempo, tan poderoso frente al olvidadizo y despiadado deporte profesional.  

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