Cartas oceánicas

Feliz Navidad...

Qué hubiera pasado si la Liga coloca por estrategia, y no por obligación con el calendario, la final del campeonato el día de Navidad. La medida habría sido cuestionada con la misma dureza, aunque la finalidad de tan polémica decisión arrojaría conclusiones muy distintas. Lo que juzgamos como otro error de planeación: jugar un 25 de diciembre, ofrece la obligación de analizarse como una oportunidad de desarrollo y comunicación para el futbol mexicano. Empezando por los índices de audiencia en épocas de fiesta, su desconocido comportamiento frente a un evento nacional en directo y la capacidad de convocatoria familiar, que por la fecha, alcanzaría el partido más importante de la temporada. Creo que una final jugada en Navidad es capaz de arrojar datos históricos, tanto comerciales como de audiencia para la televisión mexicana, no importa si es abierta o de pago. La otra parte del trabajo estaría en manos de la Liga y aquellas iniciativas sociales que junto a los equipos, se impulsaran en relación al evento. Hace mucho tiempo que las grandes Ligas europeas intentan seguir los pasos de la Premier y su famoso Boxing Day, pero no se han atrevido a dar el paso de jugar en estas fechas tan comprometidas, en gran parte, porque el Boxing Day, una tradición centenaria, llega acompañado cada año de un poderoso mensaje social: la Premier y sus equipos son parte activa de su comunidad como ninguna otra Liga de futbol en el mundo. Los ingleses se involucran desde las bases. Jugar en Navidad, o fechas cercanas a ella, no debe plantearse por error o casualidad; es algo que puede estudiarse a fondo como una feliz herramienta de servicio y notoriedad del fútbol mexicano hacia a su mercado, y de cara al mercado internacional que podría atender.  

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