Cartas oceánicas

Chivas, un pasatiempo

El último campeonato de Guadalajara, lleno de romanticismo; y su inmediata caída, un costal de papas, explica la inmadurez de una Liga que provoca pasiones perecederas: Chivas, Club centenario donde la historia es activo central, tuvo un torneo de caducidad. Con la invención de los torneos cortos hace 21 años, creció una generación de aficionados que no se imagina la lealtad que generaban 38 fechas de espera -casi un año- para ver a tu equipo jugar una Liguilla. Los títulos engrandecen a los equipos y el tiempo a los aficionados. A las temporadas largas se les llama regulares porque ofrecen solera. El problema de estos jóvenes seguidores al futbol mexicano consiste en la impaciencia: en junio tienes al mejor equipo de México y en octubre no eres capaz de verlo 90 minutos consecutivos. Cuando la pasión por un deporte va de un extremo a otro durante un periodo de tiempo tan corto -cinco meses- corre el riesgo de convertirse en un hobby: con más precisión, un pasatiempo. La tecnología que nos acostumbró a consumirlo todo al instante, tiene al futbol en la palma de nuestra mano. Su alcance es inmediato, pero de la misma forma es desechable. Esto parece haberle sucedido a los últimos dos títulos del Guadalajara, Copa y Liga, a los que faltó ese proceso de añejamiento que robustece la afición por un equipo. El periodo entre la emoción y la desilusión fue tan rápido, que dan la impresión de no haber existido. Ir al estadio o mirar un equipo por televisión, no es cuestión de pasar el tiempo, el éxito del deporte consiste en relaciones largas con aficionados, medios, patrocinadores o rivales. Una pasión no puede ser una sensación exprés, el torneo de Chivas es lo que más se parece: perder nunca fue tan rápido como ganar.  

josefgq@gmail.com