Cartas oceánicas

Árbitros, arbitraje y arbitrariedad

Desde el retiro de silbantes con enorme personalidad, nuestro arbitraje ha vivido un enfrentamiento entre generaciones: no hay maestros y las promesas que surgen son canibalizadas por el propio cuerpo. Un sistema de castas parece controlar el necesario desarrollo de talentos al interior de la comisión: la solidaridad bien promovida por el gremio afuera, también debería existir adentro. Ese, en el medio y largo plazo, es un problema que puede afectar directamente la calidad, eficacia y formación del arbitraje en México. Mientras tanto, todavía existe un margen de error, común y corriente en cualquier Liga del mundo, que establece que el árbitro se equivoca. La internacionalización del arbitraje mexicano es necesaria, pero no en función de los silbantes, sino de las estructuras y reglamentos que les amparan. Empezando por un líder, formador, reconocido y representativo, capaz de unificar los criterios y las metodologías, pero sobre todo, defender sus derechos y exigir obligaciones a los árbitros; históricamente, el eslabón más débil de la cadena evolutiva de nuestro futbol. El talento para arbitrar, no se encuentra en cualquier sitio, el sentido común no es una receta; sin embargo, México ha demostrado tener recursos para producir árbitros de gran capacidad. En paralelo, la cultura del futbolista mexicano debe evolucionar hacia un mayor aprovechamiento del tiempo efectivo, respeto por el reglamento y vocación por los valores educativos que establece el deporte. Eso no es responsabilidad del arbitraje, sino de los entrenadores de infantiles que hoy están formando a los futuros profesionales. Que sirva este movimiento arbitral para exigir un cambio radical en la inconclusa profesionalización del arbitraje y la cultura del futbol mexicano.