Cartas oceánicas

La lección de Hamburgo

Hamburgo controla por mar un buen pedazo del comercio que entra y sale de Europa, su puerto, mítico en occidente, distribuye 140 millones de toneladas de mercancía en un año. Por aire, la ciudad obtiene otra gran fuente de ingreso al ser una de las principales proveedoras y ensambladoras de la industria aeroespacial internacional, y por tierra, presume una de las redes de transporte más desarrolladas del mundo. Sus cuatro y medio millones de habitantes tienen una de las rentas más elevadas de Europa, representan la primera economía alemana y sostienen más de cien mil empresas. Hasta hace unos días, Hamburgo competía por la sede de los Juegos Olímpicos del 2024 junto a Paris, Budapest, Los Ángeles y Roma, pero la candidatura fue sometida a un referéndum y sus ciudadanos votaron en contra de la organización. Una de las regiones económicas más poderosas del mundo, dijo no al movimiento olímpico. La renuncia popular de Hamburgo, es un derechazo contundente a los organismos deportivos mundiales como el COI y la FIFA, que llevan décadas traficando con la elección de las sedes. Hamburgo tiene las estructuras y facilidades para organizar cualquier clase de evento con una mano en la cintura, hacerlo rentable y sostenible, sin embargo, sus ciudadanos no se encontraron cómodos sabiendo que un porcentaje de sus impuestos, aunque fuera mínimo, iba a servir para continuar engrasando el corporativismo en el deporte. El pueblo de Hamburgo no necesitaba los Juegos, no quiso ser cómplice y lanzó un mensaje al resto de las ciudades y países que buscan ser sedes de los grandes acontecimientos deportivos en beneficio de unos cuantos: los ciudadanos y su afición por el deporte, no son moneda de cambio para la FIFA o el COI. 

 

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