Cartas oceánicas

Una lápida de cantera para Johan Cruyff.

La vida de Cruyff agrega un dato inigualable en la historia del fútbol: la revolución que lideró como jugador, fue tan importante como la que encabezó siendo entrenador. Ningún hombre ha participado tanto en el juego y hasta el día de su muerte como Johan Cruyff. Cuando muere una leyenda suele fijarse la fecha como el final de una época. No es el caso de Cruyff, al que su muerte convierte en hilo conductor del futuro del futbol. Va a ser muy difícil que muera mientras sigan existiendo equipos que jueguen como el Barça, Cruyff es el la piedra filosofal de una sagrada familia que con el tiempo se volvió civilización.

Los orígenes de este futbol se remontan hacia 1702, cuando campesinos catalanes construyen con sus manos La Masía. Una finca rural que los caprichosos aires del Mediterráneo fueron tallando hasta convertirla en cantera. Siglos después, el F.C. Barcelona compra el viejo caserío con la fortuna que en taquilla había dejado un húngaro fugitivo de guerra llamado Ladislao Kubala. Con el tiempo, la vieja casa de familia fue cedida a Marinus Jacobus Hendricus Michels, inventor de las fórmulas del fútbol total. Aquel sabio alquimista, había educado al hijo mayor de un gueto holandés: Hendrick Johaness Cruyff. Maestro y aprendiz dan al juego otra dimensión, primero en Amsterdam y después en Barcelona, donde Cruyff bajo la doctrina de Michels, dirige un cuadro diseñado entre sueños: el Dream Team. Equipo donde destaca un recogepelotas nacido en la vieja casa que siglos atrás, los campesinos esculpieron sobre piedra: el pequeño Pep, que lleva el oficio en su apellido, se convierte en el nuevo guardián de La Masía. Y a partir de Guardiola, crece una dinastía en la finca del F.C. Barcelona que llega hasta Messi, la roca sobre la que se ha levantado el mejor equipo de la historia: la sagrada familia del futbol.

No será difícil, incluso para las nuevas generaciones inoculadas por las redes sociales y desapegadas por la historia, distinguir la trascendencia de Johan Cruyff. Porque el futbol hereda un testimonio vivo en el Barça de nuestra era, verbo y carne de Cruyff. La patente de un pensamiento revolucionario. No habrá prueba más contundente de su existencia que los ojos de Xavi, la pálida piel de Iniesta, el cráneo de Puyol o el cuerpo entero de Messi. Cabeza dura, huesos largos, pies ligeros, mirada aguda, hombre de palabra y fumador, será enterrado en una caja de madera con una lápida de cantera: aquí descansa Johan Cruyff, el jugador que sin ganar un Mundial de futbol, cambio para siempre el mundo del futbol.