Cartas oceánicas

Un juego sencillo

Messi, Cristiano, Ribéry, Schweinsteiger, Thiago Silva, Robin van Persie, Xavi, Bale, Müller, Neuer, Neymar, Robben, Cavani, Hazard, Ibrahimovic, Iniesta, Philipp Lahm y Robert Lewandowski. Dieciocho de los veintitrés futbolistas nominados al último Balón de Oro están jugando los cuartos de Champions League. Solo falta Diego Costa, que explotó un año tarde. En las fases finales no hay secretos, juegan los mejores. Sin concesiones en la ida, Atlético de Madrid y United, según las apuestas los equipos débiles del cuadro, sacaron el resultado a Barça y Bayern, grandes favoritos. Las lecciones que ofrece este torneo todos los años nos ayudan a comprender el futbol de una forma sencilla. Sin explicaciones científicas ni fórmulas matemáticas. Los cuatro equipos que jugaron ayer y los cuatro que lo harán hoy, se reconocen, son fáciles de ver. Todos los que nos acercamos a ellos sabemos lo que vamos a encontrar cuando salen al campo, cuando los transmiten por televisión. Sin sorpresas, con regularidad. El futbol cancha a veces se vuelve complicado, técnicos y especialistas insisten en hacerlo cada día más difícil, menos práctico, muy enredado al plantearlo o comunicarlo. Es curioso que sean los equipos y jugadores más importantes del mundo quienes menos vueltas le dan a esas cosas que para muchos resultan trascendentales. El Barça es el más técnico, el Atlético el más ordenado, United el más valiente, Bayern el más posesivo, Madrid el más rápido, PSG el más individualista, Chelsea el más defensivo y Dortmund el más aguerrido. Poco más hay que entender. No hacen falta manuales para descifrarlos. La universalización del futbol llega cuando cualquiera de nosotros, aficionados comunes, entendemos su juego.  

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