Cartas oceánicas

Juego para rompimiento

Italianos, españoles, ingleses y alemanes, jugarán las semifinales de la Eurocopa Sub 21 de Polonia esta semana. El dato no arroja novedades, son selecciones acostumbradas a dominar la categoría. Pero el caso alemán, que en menos de cuatro días jugará dos semifinales de torneos oficiales habiendo asistido a una de ellas -la Confederaciones-, sin su cuadro titular, explica el poderío de su futbol. Alemania, próximo partido de México, es el típico rival que ofrece pedazos de historia. Sin importar el nombre de sus jugadores o el carácter del torneo, cualquier victoria oficial frente a cualquier cuadro alemán, representa una condecoración en el uniforme de una selección nacional. El futbol mexicano tuvo la oportunidad de cambiar el curso de los acontecimientos en dos momentos clave de su vida: los cuartos de final en México 86 y los octavos de final en Francia 98. En ambos partidos, Alemania salió adelante de situaciones límite con esa cuota de grandeza que asiste a los equipos acostumbrados a ganar. No puede asegurarse que el destino de nuestro futbol hubiera sido otro si México elimina a Alemania en aquellas ocasiones, pero queda claro que crecer, significa enriquecer la estadística venciendo a este tipo de rivales en partidos oficiales. La selección no va a enfrentar al mejor equipo que Alemania puede montar, esto, aunque cierto, no debe demeritar el juego; porque los alemanes como pocas selecciones en el mundo, pueden darse el lujo de competir con un nivel similar en todos los campeonatos donde se presentan: no importa si es una Eurocopa Sub 21, una Confederaciones o un Mundial. Esa constancia los vuelve un estándar histórico muy difícil de alcanzar, pero romper la estadística por primera vez, está al alcance de cualquiera. 

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