Cartas oceánicas

El inútil rumor de Sampaoli

Cuando Bielsa rechazó la insistente oferta de la selección nacional, el mercado internacional de entrenadores confirmó dos cosas: en el futbol mexicano se sigue pagando mucho dinero, pero trabajar allí es muy complicado. Estas condiciones lo hacen ver como un futbol de paso. Hace mucho tiempo que no llegan maestros a México. Tampoco llegan aquellos que llaman la atención por aplicar nuevos métodos de trabajo al juego. Los veteranos prefieren volverse consejeros en equipos importantes y los jóvenes prefieren experimentar en equipos chicos europeos, incluso de segunda división. Las grandes bolsas de dinero, necesarias para convencer técnicos con cartel, dejaron de ser un factor decisivo en la elección. El puesto de director técnico en México se volvió un cargo secundario. ¿Por qué un entrenador con prestigio como Bielsa, o uno con futuro como Sampaoli, habrían de elegir un lugar para trabajar donde lo primero que se negocia es el precio de entrada y lo segundo el precio de salida? Hace mucho tiempo que el futbol dejó de hablar del futbol mexicano. A pesar de sus conocidos éxitos infantiles y sus famosos recursos materiales, las razones para volverlo a considerar un futbol emergente son otras. Más apegado al juego como negocio, que al juego como deporte, atrajo todo tipo de aviadores que no han dejado nada nuevo ni nada bueno. El futbol mexicano de las últimas décadas se dedicó a contratar gente de paso, cuando lo que necesitaba era gente de arraigo, dispuesta a enseñar, trabajar la cantera y promover el desarrollo. En el futbol, como en cualquier deporte, ganar a como dé lugar, vuelve a ese lugar un escenario ideal para oportunistas: los que pagan cualquier precio y los que cobran por cualquier cosa.

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