Cartas oceánicas

El insoportable Neymar

Detrás de Neymar, Brasil es un equipo sencillo, no tiene secretos porque Scolari es un tipo funcional. Casi un capataz en el cuarto de máquinas que repite una y otra vez la fórmula. Mismo movimiento, mismo jugador, misma zona. Sin fetichismos ni supersticiones se entregó a un modelo sólido asentado en futbolistas macizos atrás y robustos adelante. Hoy Brasil soluciona con fortaleza lo que antes arreglaba con destreza. De área a área los brasileños sobrevuelan con la pelota, llevan dos años sin detenerse por el medio campo. La zona donde más piropos recogía Brasil hoy es terreno minado. Ninguno de sus 3 goles en el campeonato (3-1 a Croacia), surgieron de una jugada elaborada. El primero empieza con un balón que Oscar gana a trompicones y entrega a Neymar que recorre 15 metros en solitario hasta el disparo. El segundo es el penal y el tercero, otro balón recuperado con fuerza muy atrás, esta vez Oscar recoge el rebote de Ramires y recorre 30 metros antes del disparo. Brasil renunció a la pelota, está obsesionado con la presión. Del compás y la cadencia pasó a la eficiencia. México debe jugar con ella, sobre todo por las bandas. Alves y Marcelo pueden sufrir mucho si Layún y Aguilar se atreven, Peralta fija a los centrales, Giovani apoya por derecha y Guardado por izquierda. A Brasil hay que atacarlo sin miedo. Aunque sus zagueros parezcan inconmovibles tienen espalda y México futbolistas muy veloces. Paulinho y Luiz Gustavo al centro no son ninguna maravilla. Para Reyes y Vázquez mantener el medio campo es obligatorio. El problema es el insoportable Neymar, si recibe la pelota con libertad gana Brasil, si encara gana Brasil y si Neymar pisa el área, vuelve a ganar Brasil. El resto del partido es de México. 

 

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