Cartas oceánicas

72 horas sin dormir

La célebre Loretta Lynch, fiscal estadunidense, y Michael Lauber, su homólogo suizo, comparecerán el lunes frente al mundo en el Renaissance de Zúrich, mismo hotel donde hace unos meses entre sábanas, mantelería y puertas traseras, miembros del comité ejecutivo de FIFA intentaban huir durante una redada que el FBI organizó la madrugada previa al penúltimo congreso de Blatter. Desde aquella mañana el futbol no es el mismo. Una organización deportiva que había levantado todo tipo de sospechas, era intervenida, capturada y acusada, por el brazo más largo de la ley. Lynch, Lauber y sus investigadores, concedieron cierta tregua las semanas posteriores, que Blatter, aprovechó para reelegirse, quemar papeles, desaparecer evidencias y buscar asilo en Rusia. Putin es el único aliado que le queda. Durante esta tregua, también, se jugó la Copa América sin ninguna presencia directiva alertada por la Interpol, se desarrolló la escandalosa Copa Oro en pleno territorio norteamericano y se celebró el primero de los dos sorteos del Mundial de Rusia en San Petersburgo. El FBI permitió que el deporte y los deportistas siguieran su curso, determinó una fecha para actuar, aguardó la reacción de Blatter, que puso a disposición su puesto, convocó a elecciones y entonces, FIFA se prepara para el golpe definitivo a unas cuadras de su legendaria sede. Las señales son inequívocas. Lynch, con todo el peso de la investigación en sus archivos, se desplaza a Suiza para dar a conocer los últimos resultados del caso. Se esperan confirmaciones, nuevas pistas y nombres. El hecho es insólito: una fiscal estadunidense persiguiendo el crimen organizado hasta el corazón del futbol mundial. Las próximas 72 horas tendrán muchos directivos en vela.

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