Cartas oceánicas

Un hombre de campo

Paso a paso y golpe a golpe, las próximas 72 horas definirán el camino de un hombre de incalculable valor en la historia del deporte. La inconfundible sombra del Tiger Woods, mansa sobre Augusta, se deshizo de logotipos, dejó en tierra el exceso de equipaje, y enfrentó al atleta con su carrera: en la intimidad del campo, Woods puede alcanzar la paz. Su regreso a uno de los cuatro Majors tras una ausencia irreparable, significa el rencuentro con un movimiento que dio al golf un giro radical. Era el rey del swing, cuando llegó la noche, y después, mil y una noches más: en veinticuatro horas Woods fue desvestido por la mayoría de sus patrocinadores, su caída produjo el mismo escándalo que su lanzamiento, y una de las trayectorias más singulares del deporte quedó a los pies de los caballos. Pocas carreras recorrieron con el mismo vértigo la distancia entre la tierra y el cielo, como entre el cielo y el infierno. La revolución de Tiger Woods en el golf, solo es comparable a la de Michael Jordan en la NBA. Ambos deportistas alcanzaron niveles industriales de desarrollo. Jordan, dominando el basquetbol volviéndolo un deporte estelar reinventado por un hombre capaz de volar, y Woods, acercando el golf a todo tipo de audiencia, volviéndolo un deporte terrenal: jugador afroamericano, de familia humilde, introvertido y genial, modifica el status del gran pasatiempo burgués. La imagen del Tiger, estrella del más elitista de los deportes, daba vueltas al mundo como ejemplo de un hombre que derribó barreras y complejos. Después de una primera ronda discreta, descubriremos si este golfista legendario conserva la fortaleza para protagonizar el mayor de sus escándalos: la resurrección de uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos.

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