Cartas oceánicas

El grupo de la suerte

La magia negra rodea los sorteos de las Copas Mundiales desde los tiempos de Havelange, su época, la que hizo de la FIFA uno de los organismos más influyentes e intervencionistas de los últimos tiempos, y que culminó con el juicio y despido de Joseph Blatter; convirtió estos eventos en un atractivo juego de mesa: el mundo se mostraba como un bombo y cada país como una bolita, de esta manera FIFA escenificaba su enorme poder. Durante un par de horas tenía los sueños y los miedos de millones de personas en sus manos. A medida que la desconfianza en FIFA fue creciendo, el romanticismo de los sorteos se fue agotando. Hubo que rodearlos de grandes escenarios, música, fiesta, alfombra roja y show; para justificar las candidaturas, encarecer los derechos de transmisión y en muchas ocasiones intentar desviar la atención. Ningún evento explica mejor la explosión del viejo futbol dentro del mundo del show business, como los sorteos de la FIFA. Esa extravagante combinación que convoca la suerte rodeada de luminarias, con cierto aire de prepotencia y un toque de corrupción, en México causa una enorme fascinación. El sorteo del Mundial es uno de los momentos más futboleros en nuestro país. Quizá porque nuestro futbol sigue dependiendo más de la suerte que de otros factores, o porque creemos más en ella que en el trabajo y la competencia. Como cada cuatro años hemos sido agrupados junto la selección dentro de una caja con otros tres países, durante los próximos meses nos aprenderemos sus costumbres, su historia, sus nombres, sus capitales, la entonación de sus apellidos y desde luego, su alineación ideal. Esa obsesión por el Mundial que despierta con el sorteo, termina cuando en esa jugada decisiva, también culpamos a la suerte.

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