Cartas oceánicas

La gran mentira de Concacaf

Costa Rica se queda sola en el Mundial, en realidad lo ha estado siempre. Porque Concacaf a pesar del éxito tico, sigue siendo y será por mucho tiempo un área miserable. Norte, Centroamérica y el Caribe, es uno de los grandes patios traseros de FIFA. El callejón donde trafica con votos entre 44 asociaciones que van desde Anguila, una isla en las Antillas Menores, hasta el paraíso fiscal de las Islas Caimán, de donde surge el actual presidente de Concacaf Jeffrey Webb. Aquí es donde Blatter asegura cada cuatro años mantenerse en el poder. Una zona donde pululan los promotores, el arreglo de partidos, el tráfico de juveniles, los pactos, la multipropiedad y la compra-venta de votos. En Concacaf se permite todo, FIFA lo sabe y le importa poco. Un statu quo conveniente. Nadie en esta área debe apropiarse del triunfo de Costa Rica. Ni sus rivales ni el comité ejecutivo ni los medios. Llevamos todo el Mundial escuchando voces muy científicas elogiando el crecimiento de una zona que hasta hace unos meses, era la peor de todas. No hay otra forma de explicar la hazaña costarricense en Brasil 2014, que con un esfuerzo en solitario. La figura de Pinto, casi un patriarca, alrededor del cual se ha construido este equipo lleno de jugadores talentosos, con un estilo definido, educados, preparados mentalmente, incluso de un nivel académico superior a la media del Mundial y con experiencia europea en puestos clave, nada tiene que ver con Concacaf. El verdadero crecimiento de esta zona llegará cuando su clase directiva entienda que la riqueza no está en los favores de FIFA, otra vez, a cambio de la próxima reelección de Blatter. No ha crecido Concacaf, empezó a crecer Costa Rica en cuanto huyó de aquí.  

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