Cartas oceánicas

La gran estafa sudamericana

Con veinte años los padres del futbolista babean, la prensa exagera, los promotores salivan, los clubes afilan los colmillos y a los compradores, les ponen los dientes largos. Ningún torneo provoca tanta malicia como el Sudamericano Sub 20. Una atracción de verano en pleno invierno. De Maradona a Neymar, pasando por Francescoli, Valderrama y Chilavert, Romario y Bebeto hasta Ronaldinho, Riquelme, Forlán o Messi (en otras circunstancias), triunfaron allí. Las grandes camadas sudamericanas de las últimas décadas, sobre todo argentinas, aprovecharon la plataforma de Conmebol que bien promovida por los medios del Cono Sur, funcionaba como una influyente feria de muestras. Boca y River, en complicidad con la vieja revista El Gráfico, fueron pioneros en explotarla. Boca y River también, estallaron cuando no soportaron la erosión de sus canteras; porque cada ocho días, El Gráfico publicaba al último Maradona. Un apodo y una “tapa” cerraban el negocio. Ser portada del Sudamericano garantizaba contrato en Europa. El crack en un grande y el resto de la cuadrilla a sus alrededores. Con veinte años media selección argentina o brasileña estaban vendidas. Pero su impacto en el futbol europeo era shockeante. Una parte de los jóvenes sobrevivía, el remanente mendigaba en equipos de la periferia antes de volver a su tierra. Célebre el caso de Pascualito Rambert y más reciente, el de Conejito Saviola. Hasta que los clubes europeos prefirieron ir a buscarlos de niños. Así hasta la sanción de FIFA al Barça. Hoy nos venden la generación de Gio Simeone y Ángel Correa dirigida por Grondona, a la que infantiles mexicanos vencieron en Mundiales. La diferencia siempre ha estado en la venta y, en arriesgarse a ponerlos en Primera.

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