Cartas oceánicas

El gambusino

A balonazos, Cristiano Ronaldo emparejó una de las estadísticas más discutidas del futbol, cinco Balones de Oro para Messi y otros cinco para él: un gambusino. La repartición salomónica del premio, hará creer a futuras generaciones que las diferencias entre ambos jugadores eran mínimas; falso, la carrera natural de Messi difiere de la esforzada carrera de Cristiano: uno nació futbolista y el otro se volvió futbolista en el camino. Los Balones de Oro de Cristiano son un reconocimiento al profesionalismo y al trabajo que una estrella de su nivel, atiende todos los días como si fuera el primero. Ningún jugador ha estado tan cerca de alcanzar a Messi en todos estos años como Cristiano, aún así, la distancia entre ambos es mucha. En ese afán por compararlos, hasta emparejarlos, se olvida que por delante de Messi quizá solo estén Pelé y Maradona; por delante de Cristiano, además de Messi, la historia colocará a Di Stéfano, Cruyff, Beckenbauer, Zidane, Platini, Ronaldo Nazario, y de acuerdo al gusto de algunos, Van Basten o Romario. Aunque en el deporte no tienen valor los silogismos, puede establecerse que Messi habría sido elegido el mejor del mundo en cualquiera de esas épocas; Cristiano lo habría tenido muy difícil, incluso, para entrar en algunas de las ternas. Lo que sigue quedando claro en estos tiempos es que si la distancia entre Messi y Cristiano es kilométrica, la que existe entre Cristiano y el resto es sideral. El tercer mejor jugador de esta década, quien sea, vive muy lejos de estos dos. Premiar a Cristiano, igualándolo en épocas de Messi, es una buena costumbre que promueve valores deportivos como la superación y el sacrificio. Esa es la moraleja del Balón de Oro: no gana el de arriba, sino el que trabaja la mina.

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