Cartas oceánicas

López, Hernández y Sánchez

El futbol mexicano necesita semanas para incubar ídolos, un ultrasonido de Javier López, jugador del Guadalajara, arroja un análisis embrionario del mercado: apodo, anatomía, posición y sorpresa. El muchacho que andábamos buscando. Tiempo después de viralizar al sujeto que hizo añicos el recuerdo de Hugo Sánchez, vinieron el juego y sus obligaciones. Pequeñeces en épocas de Twitter, donde lo relevante es el trending topic, un censo de popularidad, antes que la trayectoria, un índice de sabiduría. Descubrir estrellas, se convirtió en el principal objetivo de los medios: si el futbol no puede convocar a la audiencia, los medios tienen que provocarla para acercarse al futbol. Así nació La Chofis, un jugador folclórico, tierno y novelero, capaz de estimular el deseo más familiar del aficionado: nacer en Chivas, crecer en la selección, firmar mañana por Barcelona o Real Madrid, jugar el quinto partido y soñar con el campeonato mundial. La carrera de López, joven prometedor, surge por necesidad. Cuando el equipo más querido de México vive su peor crisis de identidad, florece un futbolista de características entrañables. Típico. Nadie puede dudar de esta sagrada aparición que uniforma la figura de un querubín nacional. El problema vendrá con los años, cuando columnas como la de hoy se pregunten, ¿dónde quedó aquel joven que publicistas y periodistas vendían como el nuevo Chicharito? La respuesta es sencilla: el futbol mexicano posee un gran talento nacional y por ahora, un tímido carácter internacional. La culpa de López es ser ídolo en México. Tan fácil como hacer un par de goles con Guadalajara, y tan difícil como ser un muchacho que se juega la carrera llamándose Hernández o Sánchez con Real Madrid.

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