Cartas oceánicas

¿El futbol sigue siendo educativo?

Ningún futbol en el mundo tiene un programa de desarrollo de talento tan sofisticado como el alemán. Ni siquiera la exitosa cantera del Barça, algo lejana de la entrañable Masía, puede considerarse al nivel de lo que Alemania ejecuta con enorme pasión por formar. Poner en marcha un plan tan complejo, dentro de un deporte que mueve intereses tan diversos, necesita mucha y muy buena voluntad: el sistema es obligatorio en todos los clubes de la Bundesliga. Alemania no solo cambió su forma de buscar talento, al mismo tiempo, cambió la forma de prepararlo. No hablaban de títulos, trofeos o de ganar. Su objetivo a principios de siglo era jugar mejor y distinto. Y no es fácil cambiar el estilo de juego en un país que ha ganado todo, pero Alemania lo hizo y encima, ganó. Empezó con niños de tres años en pleno Kindergarten. A esa edad trabajan su movimiento. Antes de los diez años solo juegan. A partir de los once aprenden el deporte. Entre quince y dieciocho años estabilizan las emociones. Al cumplir veinte ya han sido preparados para competir. De los veintiuno a los veintinueve perfeccionan su rendimiento y con treinta años, según el programa, un jugador de futbol alcanza el tope de su desarrollo. Para llegar del Kinder hasta el Mundial, debe pasar por el equipo del colegio, otro de su comunidad, ser captado por el programa de desarrollo en asociaciones regionales, entrenar en un centro de excelencia, pasar a las academias de elite, jugar en los equipos nacionales de su categoría, llegar a la Bundesliga y ser seleccionado alemán. Hoy, el 60% de los jugadores de la Bundesliga provienen de este programa, los clubes gastan menos, los estadios están llenos, las audiencias se disparan y utilizan el futbol para educar.  

 

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