Cartas oceánicas

Entre el setenta y el veintiséis

Imposible imaginar dónde estaremos en nueve años, más difícil todavía, saber qué mundo nos espera. En poco tiempo las cosas cambian mucho, es el ritmo de un tiempo acelerado que no sigue rutina, no perdona un paso en falso y no se detiene a admirar una tradición. El Mundial de México, Estados Unidos y Canadá, que será el Mundial de Norteamérica y no el de Concacaf, tiene como origen el rompimiento de lo establecido. Será el primero de la era Infantino. Sus predecesores, Rusia 2018 y Qatar 2022, son la herencia maldita de Blatter, éste no. Éste tendrá su sello, sus cambios y su reglamento. Nadie puede asegurarnos que durante los próximos nueve años el futbol siga manteniéndose como está. Infantino sabe algo que el resto de los aficionados ignoramos, hace falta que la FIFA y el deporte que regula, den un giro drástico hacia algún lado para que el juego, en el mundo entero, se ajuste a los tiempos que vivimos. Hace nueve años, entre el Mundial de Alemania y Sudáfrica, la distribución de contenidos digitales irrumpía en el mercado de los derechos de transmisión planteando un acertijo a la televisión tradicional: ¿cómo miraremos el futbol del futuro? En pleno 2017, víspera de otro Mundial, el aficionado puede llevar la transmisión entera de la Copa del Mundo en el bolsillo del pantalón, y esto, sobre todo para algunas generaciones de aficionados, empieza a parecer obsoleto. Por eso celebro formar parte de una candidatura, que aunque solo ofrezca 10 partidos sobre 80, es fundamental en la evolución y futuro del futbol. Quien siga pensando que los Mundiales, las reglas del juego, su comercialización, distribución o contenido, serán los mismos, se quedó anclado en México 70: primer Mundial transmitido por televisión a color.  

josefgq@gmail.com