Cartas oceánicas

Leyes contra la violencia: el ejemplo inglés

John Smith decidió vivir como piel roja. Podríamos pensar que Smith no tiene oficio ni beneficio porque se dedica a caminar junto a su equipo y lleva tatuado en un antebrazo el “You’ll never walk alone”. Pero Smith, trabaja desde hace veinticinco años en una de las editoriales más antiguas del Reino Unido. Lee una media de tres libros por semana y corrige cientos de borradores de economía, filosofía o literatura clásica. Sus antecedentes no parecen salvajes, aunque los fines de semana se rasura el cráneo, abrocha la chamarra de mezclilla, levanta el cuello y amarra una bufanda a su ronco pecho: se viste de etiqueta para entrar en Anfield. Durante años, ser aficionado del Liverpool estuvo al margen de la ley por asociación delictiva, hooliganismo y asesinato. Entre Heyssel 1985 y Hillsborough 1989, se pensó que todos los seguidores de Liverpool habían causado la muerte de 135 personas. Smith, sobreviviente en ambas tragedias, prestó declaración como cientos de detenidos en comisarías de Bruselas y Sheffield. Tiempo después, un panel independiente de investigadores promovido por familiares de las víctimas, demostró que la verdadera causa de aquellas tragedias fue la negligencia: ausencia de leyes para erradicar la violencia en los estadios. La historia inglesa entre otras cosas, sirve para entender que la seguridad en los estadios es un tema que los legisladores tienen que encarar sin aprovecharse del futbol como escenario político. Juicio a criminales, cárcel y cuerpos policiacos especializados, sería apenas el principio. No se trata de estatutos internos, reglamentos deportivos, multas administrativas o simples normas de seguridad. Se trata de leyes, son las leyes las que protegerán a los ciudadanos en los estadios. 

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