Cartas oceánicas

Por la ruta de Marco Polo

Desde que Bora Milutinovic dirigió a China en el Mundial de Corea y Japón 2002, se sigue esperando un ataque del dragón a los primeros planos del futbol mundial. Hasta el momento, la Super Liga China no ha podido convertirse en un campeonato emergente como la MLS, y su selección sigue sin clasificarse consistentemente a los Mundiales. Si tenemos que medir el impacto de las dos principales potencias económicas en función de su influencia en el fútbol, el déficit chino es evidente. Pero mientras el mundo esperaba que este deporte se desarrollara en China, China se lanzó al mundo en busca de desarrollo: para no ir muy lejos, el tradicional Derbi della Madonnina jugado el fin de semana, uno de los partidos con más tradición en la historia del fútbol, hoy pertenece a empresarios chinos. Por la ruta de Marco Polo, dos de las grandes franquicias del calcio, Inter y Milán, finalmente fueron vendidas. El Inter que había perdido arraigo se entregó hace unos años, pero el Milán, considerado la gran obra del renacimiento futbolístico italiano, se resistía. El resurgir del Milán en los ochentas es un hecho fundamental en la historia del fútbol porque lo hizo bajo el primer modelo empresarial que profesionaliza todas las áreas de un Club. De la cartera de Silvio Berlusconi, el mercader, llegó la inversión para convertir al Milán AC en el primer equipo del mundo que funda un laboratorio de futbolistas. El famoso Milán-Lab se vuelve referencia en desarrollo, entrenamiento y reclutamiento de jugadores.

A Milán llegan chicos de todos lados para vivir y aprender el oficio de futbolista. China suma a su cartera otro equipo de primera línea en un intento por entrar al mundo del futbol desde una perspectiva empresarial. Por algo se empieza. 

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