Cartas oceánicas

Príncipe enterrado en un Parque de París

Conocí a Javier Pastore la noche que el Barça arruinó (1-3) al millonario PSG de Laurent Blanc en París, un amigo común nos reunió en un bistró del distrito XVI. Cenamos: Pastore, Chiara su mujer, sus padres, nuestro amigo, y el arquero italiano Salvatore Sirigu, que no probó bocado; horas antes se comía dos goles de Suárez y uno de Neymar en una de las penúltimas actuaciones del inolvidable Xavi Hernández. Sirigu no era mal portero, pero aquella noche estaba molesto, se sentía traicionado, lo mismo Pastore, que sin mencionarlo, dejaba claro que algunos jugadores se habían borrado. No fue difícil adivinarlo: con Ibrahimovic cumpliendo suspensión para la ida de cuartos de Champions 2015, David Luiz no sale a calentar; al minuto 18 Neymar marca el 0-1 y al 20, el central Thiago Silva pide el cambio por Luiz, dejando a su equipo en medio de un baile público en casa. David Luiz jugó 90 minutos 3 días después, 18 de abril, en la victoria (1-3) del PSG en Niza. Ninguno de los centrales brasileños pisó el Camp Nou en la vuelta, 21 de abril (2-0), tampoco Blanc, al que cuentan, se le escuchó una tímida charla técnica. Esa noche volvió Ibrahmovic y junto a Pastore, los futbolistas decidieron la alineación. La cena dejó claro que en uno de los equipos más caros del mundo, sobraba el entrenador. Hasta que llegó Unai Emery, cuyos números vs Guardiola, Vilanova, Martino y Luis Enrique eran catastróficos: dirigiendo al Almería, Valencia, Spartak de Moscú y Sevilla, Emery solo tenía una victoria en 21 partidos de por vida vs el Barça. El 4-0 de ayer, una joya tallada en mármol, consigue que el viejo PSG de Pastore y el nuevo PSG de Emery, entierren al Barça en un parque de París: al partido lo recordaremos como la tumba de los Príncipes.  

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