Cartas oceánicas

El último escalón de Simeone

Simeone se convirtió en el padre que el Atlético de Madrid perdió con la muerte de su presidente Jesús Gil. La figura de aquel polémico directivo representó durante un buen periodo de tiempo, el perfil canchero del típico equipo metropolitano. Gil, acostumbrado a desatar tempestades, supo llevar el peso social de un Club obligado a competir contra la realeza del futbol mundial. Intramuros, levantó una fortaleza gracias a su fuerte personalidad que permitió al Atlético mantener la dignidad, generar identidad y provocar rivalidad. Los años entre aquella etapa de Gil, y ésta de Simeone, son los mismos que tardó el futbol en entregar las llaves de los grandes clubes a sus entrenadores. Simeone, amo de llaves del Atlético de Madrid, está muy cerca de ser proyectado como el hombre más importante en la historia del Club. Es probable que 6 de cada 10 aficionados colchoneros así lo consideren. Logró recuperar el antiguo prestigio de un equipo y multiplicarlo, haciéndolo competir con los principales clubes europeos. Sin ninguna duda su Atlético subió al escalón donde están los grandes, sin embargo, no ha podido llegar a ese peldaño donde solo juegan los magníficos. A ese nivel solo acuden los equipos que poseen, sin importar las generaciones, un factor de calidad superior al resto. Al Atlético no le ha alcanzado. Podemos creer que se trata de dinero, capitales que no tiene Simeone para invertir en figurones y no en figuras, alineadas con la épica y esfuerzo de su entrenador. No, no es dinero lo que le ha faltado a un Atlético doble finalista de Champions en los últimos 3 años para dar el gran salto; es futbol, un juego que todavía, y sobre todo en momentos determinantes de la historia, es necesario para levantar grandes campeonatos. 

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