Cartas oceánicas

El futbol y la Coca-Cola

Argentina y Brasil empacaron las camisetas, recogieron a sus figuras en cada puerto y cruzaron la tierra. Se citaron en Pekín. Jugarán el fin de semana el partido noventa y cinco en su historia. Tras el Argentina vs Uruguay con 180 partidos y el Inglaterra vs Escocia con 112, es el partido internacional más antiguo del futbol. Llevan enfrentados desde principios del siglo pasado, pero cada juego es una historia, con más razón lo será ésta. No hay rivalidad más pareja: 36 victorias para Argentina, 35 para Brasil y 24 empates. Los argentinos han marcado 151 goles por 145 de los brasileños. Salvo una final de Copa Mundial no les quedan más motivos para jugar en contra. Qué mejor pretexto para llevarlos a China. Será un partido bonito. En ese otro mundo al que desde los Juegos Olímpicos del 2008 consideramos abierto. Pero al que sigue costando integrarse. Más que un país es casi otro planeta. El futbol como siempre, es un excelente reclamo universal. Tiene, si lo queremos ver desde una óptica capitalista, un poder occidentalizador como ningún producto. Quizá el otro sea la Coca-Cola. Así que hasta allí manda FIFA a dos de sus mejores representantes disponibles. Los europeos a nivel selección no se prestan para esto porque no les queda tiempo. Con Messi y Neymar al frente del mercado aquello desata locuras. No hay más que revisar la escena de Messi aterrizando en Pekín para confirmar los abrazos que a través suyo recibe el juego del futbol. Por otro lado está Brasil, el viejo embajador. Hace mucho que Brasil buscaba un jugador para competir con Argentina y no lo encontraba. Parece que es Neymar, al que Messi para colmo de los brasileños, tiene apadrinado en Barcelona. Un equipo que saca gran provecho de esto.  

 

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