Cartas oceánicas

Franja divisoria


Hace dos años el insurgente Rayo Vallecano lanzó al mercado un uniforme donde la emblemática franja roja que le atraviesa el pecho, se transformaba en símbolo de diversidad e integración social: violeta contra la violencia de género, azul contra el maltrato infantil, verde a favor del medio ambiente, amarillo por la esperanza, el rojo para los que luchan contra el cáncer y el naranja en honor a las personas con alguna discapacidad; en su conjunto, la franja arcoíris estaba dedicada a la lucha contra la discriminación sexual. La camiseta del entrañable "Rayito" se convirtió en un hit de ventas, una de las más célebres de su historia: ¿marketing?, ¿oportunismo?, ¿solidaridad?, ¿compromiso? Con el futbol nunca se sabe, pero aquel detalle en época de revoluciones, reivindicaciones o persecuciones, consiguió hacer del Rayo Vallecano y buena parte de su comunidad, un ejemplo de tolerancia y respeto social. Años después, el futbol, que siempre provoca los polos opuestos, vuelve a poner la camiseta de este equipo al límite de sus costuras. Un grupo de aficionados del Rayo han sido demandados por la Liga Española de Futbol, -hecho insólito en cualquier parte del mundo- por irrumpir en un entrenamiento, oponerse a su directiva y manifestarse ante la prensa; con el fin de evitar que su equipo fiche a Roman Zozulya, delantero ucraniano. Zozulya, reconocido patriota en su país, ha sido etiquetado en las redes sociales como militante de ultra derecha o nacionalista extremo: neonazi sin comprobar. Parece que los ideales de Zozulya pisan uno y otro lado de la franja que atraviesa al Rayo, y sus aficionados, colindantes con los extremos, confirman que el futbol no debe involucrarse más allá de sus razones primarias: es un deporte y caben todos.

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