Cartas oceánicas

La fe y el escudo

Jugador de seis camisetas, parece que a Xabi Alonso siempre lo vimos con la misma, fue un futbolista honorable. Juvenil en Real Sociedad, humilde en Eibar, guardián en Anfield Road, conciencia de Selección Española, equilibrista en Real Madrid y sabio en el Bayern. En todos sus equipos tuvo un sentido, el común. Me quedo con dos de sus imágenes: el contrarremate de aquel penal  que representó la fe jugando para Liverpool la Final de Estambul y la patada de De Jong sobre su pecho en la Final de Sudáfrica que significó la resistencia del escudo. La fe y el escudo son las principales herramientas de esta clase de jugadores. Porque ninguna línea adquiere tantos derechos como la del mediocampo, y ningún mediocampista adquiere tantas obligaciones como el mediocentro: la posición más influyente y menos valorada del futbol comercial. Alrededor de estos hombres reservados y metódicos se construyen los cuadros más progresistas del juego. En esa posición tan diestra como siniestra, pocos especialistas se mantuvieron tan vigentes como Alonso. Aplaudido por el Bernabéu al salir del campo el martes pasado, su equipo tenía una tarea pendiente: eliminar al Madrid. Ancelotti sacrificó al tipo que mantiene las cosas en su sitio y en tres instantes el partido se desordenó. Gol de Cristiano, autogol de Ramos y expulsión de Vidal; minutos después, el Bayern cae eliminado. El cambio funcionó como una despedida para Xabi Alonso de la Champions League, un lugar donde siempre resultó decisivo desde una zona del campo en la que se cuajan el futbol, los campeonatos y los grandes equipos. Los estadios con dones en el nombre saben reconocer estos momentos, el Bernabéu avisó que uno de los mejores medios centros de la historia se estaba despidiendo.  

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