Cartas oceánicas

Más que un club, menos que un país

Una visión superficial del conflicto catalán mostró preocupación durante todas estas semanas por el incierto futuro que tendría el FC Barcelona fuera de España. El Barça, equipo muy querido en todo el mundo, pero más querido en España que en ningún otro sitio, corrió el riesgo de ser utilizado como bandera y enemigo por un bando o como rebelde y mártir por el otro. Así lo asumieron algunos de sus representantes más visibles, abiertamente independentistas como Guardiola o agitadores no declarados como Piqué, coqueteando con el conflicto y prestándose al montaje. Siendo uno de los principales promotores del orgullo catalanista, al Barça se le acusa de independentista; no es lo mismo, ni está cerca de parecerse. El mismo problema ha sufrido el Real Madrid, al que una serie de personajes y coincidencias históricas le identifican como un equipo de ultra derecha beneficiado por el franquismo; esa teoría de cajón, que corre como pólvora en las redes cada vez que Real Madrid gana un título, se desmonta en cinco minutos. La historia de ambos equipos está llena de tópicos: el madridismo con el franquismo y el catalanismo con el independentismo. Estas leyendas negras son las que han fomentado el desprecio entre sus simpatizantes y no la tremenda rivalidad deportiva, fomentada por sus grandes tradiciones y jugadores a través del tiempo. Algunos forasteros que bordearon el conflicto con oportunismo llegaron a sugerir que al Barça, un inmenso producto, se lo pelearían la Liga Francesa y la Premier League. La idea, tan imaginativa como la República Catalana sería como ver a Francia e Inglaterra interviniendo España. El Barça, lejos de la Liga, no tendría ningún futuro, ni mercado que lo sostenga, su suerte sería la de Cataluña.

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