Cartas oceánicas

Dos equipos en medio del conflicto

El partido Real Madrid vs Barcelona, uno de los grandes acontecimientos televisivos del siglo, tiene la facilidad de llegar allí, a las casas, cuevas, guaridas o cuarteles, donde las fuerzas armadas occidentales no pueden asomarse. Las señales del clásico, muy solicitadas en los países del Medio Oriente, son en realidad las únicas imágenes que comparten pasión en ambos lados del conflicto. En aquellas zonas, las camisetas de Messi o Cristiano, muy apreciadas, son un reclamo constante. Con toda seguridad, son Madrid y Barça, los equipos con mayor número de aficionados en Siria, por ejemplo. Así que hasta allí viaja una vez más el partido. En esta ocasión, acordonado como nunca en su centenaria historia. La escena, aunque dantesca, es sencilla de imaginar: hombres con fusil en alguna madriguera mirando el clásico. Que por otro lado, no ayuda a resolver ningún combate, no sirve como pacificador, no tiene facultad para mediar, ni pacta tregua alguna. Su único objetivo, es jugarse con normalidad dentro y fuera del estadio, transmitiendo así, seguridad y estabilidad. Extraña pensar que siendo el futbol algo tan común a los hombres, no puedan serlo otro tipo de cosas de vital relevancia. Pero ese, es el gran misterio que abriga este deporte: se trata del único lenguaje universal aceptado por todos. Y ese lenguaje, el clásico ha sabido interpretarlo como ningún evento, convirtiéndose en el auténtico partido del mundo. Con millones de seguidores en cada país para uno y otro equipo, Madrid y Barça son capaces de tener al mismo tiempo, personas de diferentes culturas, credos, nacionalidades, y aunque sea estúpido, también, personas que deciden sobre la vida de otras personas, identificadas con la misma camiseta.

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